


















Muang Kua es un pueblito diminuto levantado en medio de la jungla y al costado de un rio. Pase dos dias aca y despues decidi marchar hacia la ciudad de Phongsaly, en el norte del pais, cerca de la frontera con China.
Deje Muang Kua en una canoa a motor. Entre los ocho pasajeros abordo, aparte de mi habia un canadiense y una alemana, el resto eran nativos. El rio, que tendria unos 10 mts. de ancho, serpenteaba en medio de la jungla, y la canoa lo remontaba contra corriente, a veces con grandes esfuerzos. De entre la espezura cada tanto asomaba alguna precaria aldea de chozas hechas de cania y madera, y entonces parabamos a dejar o recojer algun aldeano. Nuestra llegada era siempre saludada por el griterio de los chiquitos, que desnudos jugaban entre las rocas.
Despues de navegar el rio durante cinco horas desembarcamos en una pequenia aldea. Desde aca la distancia hasta mi destino final seria de unos 20 km, pero no habia ningun omnibus que pudiera acercarme. Finalmente el chofer de un camion cargado con arena se ofrecio para llevarme a mi y a los otros dos turistas, aunque como en la cabina no habia mas espacio... tuvimos que viajar sentados sobre la montania de arena!
Con la alemana que llego conmigo contratamos un guia para que nos mostrara un par de aldeas que estan metidas en medio de la jungla. Me arme una mochila chiquita con lo indispensable y deje la guitarra y el resto del equipaje en el hotel. Keo, el guia, nos paso a buscar a las 7 de la maniana para empezar la excursion. Primero tomamos un omnibus que nos alejo 21 km del pueblo, y despues nos bajamos y empezamos a caminar por un sendero de tierra que se internaba dentro de la jungla. Al rato nos encontramos con una extranio altar hecho de palos y maderos construido por los animistas -que junto a los budistas son los dos credos principales del pais- para mantener a los malos espiritus alejados.
Tres horas despues de haber empezado a caminar llegamos a una aldea. Se componia apenas de unas diez chozas de madera y cania, con techos de paja y pisos de tierra, y sin electricidad. Los aldeanos -educados aunque muy poco comunicativos- circulaban entre chanchos, vacas, perros y gallinas; y los chicos se divertian jugando a que uno de ellos hacia girar un trompo de madera en el piso y los demas, desde varios metros de distancia, le tiraban piedras para tratar de voltearlo.
Despues de dar una vuelta por la aldea, Keo nos llevo a una de las chozas, en donde una mujer muy amable vestida con ropas tradicionales nos recibio y nos hizo pasar. La casa, que daba alojamiento a las nueve personas de su familia, era un monoambiente de unos 6 mts por 6 mts. Tenia una puerta en el frente y otra en el fondo, pero no habia ventanas, por lo que la penumbra era considerable. En medio de la choza, sobre el piso de tierra, habia un fogon encendido, y unos chicos acercaron un par de banquitos de madera (de apenas 20 cm de altura) para que nos sentaramos frente al fuego. Tambien nos dieron una taza de te. En las paredes, que eran de tablas de madera, colgaban una multitud de herramientas, utensillos y cuchillos.
Mientras tratabamos de conversar con la mujer, el guia cocinaba a un costado, y cuando estuvo lista la comida descolgaron de la pared una mesita redonda y bajita tejida en mimbre, para que apoyaramos los platos con el pescado, el arroz, las verduras y los palitos chinos. En Laos es costumbre agasajar a los huespedes con una bebida alcoholica fuertisima, hecha a base de arroz y choclo, que se llama Lao Lao, y que se sirve en unos vasitos cortitos, asi que el almuerzo estuvo bien acompaniado. despues de comer nos despedimos y dejamos la aldea.
Volvimos a internarnos en la jungla y recorrimos un angosto sendero que subio y bajo la montania durante unas tres horas. Despues aparecio la segunda aldea. Esta era apenas mas prospera que la anterior. Tenia un rustico tendido de cables de electridad, que alimentaba tan miserablemente a las bombitas que la luz mortecina apenas lograba herir a la oscuridad. Aca la mayoria de las chozas, en vez de estar construidas sobre el piso, estaban elevadas unos tres metros por unas columnas de madera, pero no pude averiguar el porque...
Igual que en la primera aldea, tambien aca la gente era muy parca y muy arisca para dejarse fotografiar. Nos alojaron en una de las casas mas grandes. En una de las paredes, junto a las herramientas y utensillos, tenian colgada la calavera de un mono que habia cazado el hijo del duenio de la casa.
Afuera ya faltaba poco para el anochecer, y ese es el momento en que los aldeanos aprovechaban para baniarse. La aldea tenia solo dos canillas, que estaban ubicadas al aire libre, y alrededor de ellas se reunia la gente para darse el banio, hombres y mujeres juntos... Las mujeres se baniaban vestidas con unas tunicas llamadas sarongs, y los hombres en calzoncillos. Solo los chicos se desnudan por completo. Apenas a unos pasos de alli, un grupo de hombres jugaba al "futbol-tenis" con una pelota muy liviana hecha de canias.
Mientras la alemana y yo dabamos una vuelta por ahi, el guia le compro un pollo a uno de los aldeanos. Despues lo mato, lo desplumo y lo cocino, y esa noche comimos pollo con arroz sentados frente al fogon. Al terminar de comer el duenio de casa se puso a fumar una enorme pipa de cania de bambu. Para hacerla funcionar, ademas del tabaco, tambien le ponen agua. Por mi parte hice varios intentos por tratar de fumarla correctamente, pero me resulto imposible lograr extraerle el humo; la tecnica parece facil... pero no es tan sencilla!!
Solo pudimos irnos a dormir luego de un par de inevitables vueltas de "Lao-Lao". Sobre el piso nos tendieron unos colchones tapados con una red colgante contra los mosquitos... aunque contra el frio -aparte de la frazada- no habia demasiada proteccion: los insterticios entre las tablas de las paredes eran tan anchos, que la temperatura dentro de la choza era identica a la del exterior, y acostado en mi cama jugaba a soplar para hacer 'humito"!
A la maniana siguiente, despues de tomar el desayuno, nos despedimos y nos fuimos. Caminamos un par de kilometros hasta que encontramos un tractorcito que nos acerco hasta la ruta. Llegamos a un pueblito y tomamos un omnibus de vuelta a Phongsaly.
Saludos para todos... y felices fiestaaaas!!!
Fernando















